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Juan Amaya, un joven de 23 años, encarna al payaso Simoon. Decidió no seguir una carrera universitaria para convertirse en un artista de la comedia

Juan Amaya decidió embarcarse en una gran aventura cuando apenas tenía 17 años. Como pocos jóvenes de su edad, decidió que no quería seguir estudios académicos en la universidad y le comunicó a sus padres que había decidido ser payaso, ser un payaso profesional.

De la mano del payaso “Pildorín”, encarnado por el artista Luis Peña, aprendió a pintarse la cara y a formar parte del programa “Payavisión”. Sin un nombre que lo identificara y con una corta aparición en un episodio, Amaya se enamoró el oficio y emprendió el camino para convertirse en “Simoon”.

La misión resultó costosa: botas especiales hechas en Costa Rica: $100; maquillaje importado de Estados Unidos: $100; vestuario hecho a la medida: $150 y las herramientas de trabajo: $3000. Sin embargo ahora, seis años después de aquella decisión, hacer disfrutar a chicos y grandes no tiene precio.

Durante estos años, el artista ya tiene muchas experiencias acumuladas en distintos talleres en el extranjero y quiere llevar su espectáculo a otros países. Periódico De Primera lo acompaña en una reflexión sobre lo que significa el oficio de ser payaso en El Salvador, a quienes muchos identifican como vagabundos, y su lucha por convertirse en un artista de la comedia.

Periódico De Primera: ¿Cómo surgió la idea de ser payaso?

Juan Amaya: Yo empecé trabajando en el 2006 con el payaso Pildorín, en el canal 33 de televisión. En una oportunidad, me permitieron participar en un corto que se grabó para el programa. Se trataba de un payaso que se lanzaba de candidato a presidente. Mi única línea en el segmento era decir ‘sí’; pero para decir “sí”, siempre he dicho “simón”. De allí fue que adopté el nombre de payaso, de decir “simoon”. Pildorín me enseñó muchas cosas del arte y las demás las aprendí por mi cuenta, porque me gusta estudiar para ser mejor.

PDP: Imagino que fue ahí cuando decidiste convertirte en payaso, pero ¿cómo tomaron la noticia tus padres?

JA: Cuando finalicé el bachillerato, en el Instituto Nacional “Isaac Newton”, quería estudiar Psicología. Entonces se presentó la oportunidad de entrar a la televisión y me interesó el área de las Comunicaciones, pero al actuar sentí que mi verdadera vocación era la de ser payaso. Cuando se los comuniqué a mis padres lo tomaron muy bien, lo único que mi padre me dijo fue: ‘si lo vas a hacer, hacelo bien’. Gracias a Dios he contado con el apoyo de ambos desde entonces.

PDP: ¿Qué dificultades enfrentaste al inicio?

JA: La aceptación de las personas en general es lo más difícil. En el país aún creemos que el payaso es el que pide monedas en el transporte público. La gente debe reconocer al artista que hay en el payaso. Hacer reír a las personas es un arte y si se combina con un espectáculo de malabares y magia es un mejor show. Me gusta tener un repertorio amplio, que me permita innovar y presentar cosas distintas a los lugares que voy.

PDP: Hay distintas formas de hacer reír a la audiencia, pero en el país muchos hacen reir burlándose del público ¿qué piensas de eso?

JA: No es ético. El payaso debe hacer reír a la gente con sus actos y su manera de pensar. Si te burlas de las personas debes atenerte a las consecuencias, pues no todas toleran las bromas. Cuando yo hago mi presentación y pido la colaboración del público, no lo hago para burlarme de ellos. Siempre les agradezco y pido un aplauso para ellos por su colaboración.

PDP: Manejar el aforo debe ser difícil también, ¿con qué tipo de público te has enfrentado en tus presentaciones?

JA: Distintos públicos, desde el más amable hasta el más exigente. En las fiestas percibo cuando la gente no quieren interactuar. En los primeros minutos me doy cuenta con qué tipo de público estoy, lo que me permite modificar el repertorio para complacerlos. En los centros comerciales, ante casi mil personas, hay más interacción. Aunque no dejas de sentir ese nerviosismo natural cuando vas a empezar cada espectáculo.

PDP: Imagino que hay miles de anécdotas, ¿cuáles son las que más recuerdas?

JA: Recuerdo que me contrataron para una fiesta infantil en Apopa. Cuando llegué al lugar, dos sujetos me escoltaron hasta el lugar de la fiesta. Era una zona de pandillas muy poblada. Realicé el 70% del show con miedo, al final me sentí tan cómodo como los padres y los niños que estaban allí. Al terminar el espectáculo salí lo más pronto posible del lugar… eso si… escoltado también.

PDP: Haciendo una valoración del oficio artístico, ¿qué percepción tienes del payaso local?

JA: Hace falta apoyo de las autoridades. En el 2006 se realizó el Primer Congreso de Payasos organizado por Concultura (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes), en aquel entonces. Uno de los objetivos fue la creación de una asociación que velara por los intereses de todo el gremio. Pero por razones que desconozco nunca se pudo conformar la asociación. Creo que desde Secultura debería apoyarse al payaso, por ejemplo, clasificándolo de acuerdo a sus aptitudes, tal como lo hacen con los músicos de la Orquesta Sinfónica, a quienes clasifican como Clase A, B y C.

PDP: Juan, ¿se puede vivir de este arte?, ¿es rentable?

JA: Yo me presento en celebraciones de cumpleaños, primeras comuniones y centros comerciales. La ventaja que yo tengo es que estudio para ser un mejor payaso, practico mis malabares tres horas diarias si es posible y, al final de mi presentación, cuando cobro algunas personas me han felicitado por el evento. Eso para mí no tiene precio, significa que estás haciendo bien las cosas. Te puedo decir que mi esposa y mis dos hijos viven de mi trabajo.

PDP: La satisfacción también se reconoce a través de premios, ¿has ganado alguno?

JA: Tengo muchos diplomas y reconocimientos que he acumulado en los talleres y eventos a los que he asistido. Puedo destacar el tercer lugar ganado a nivel latinoamericano en México, compitiendo contra 900 payasos. He participado en talleres en Costa Rica y Guatemala, también impartiendo cursos para nuevos payasos.

PDP: Hablemos del maquillaje, ¿de qué forma se elige cómo pintarse la cara?

JA: Existen varios tipos de rostros para encarnar a un payaso. Yo hago una mezcla de payaso tipo Augusto, que combina su maquillaje con los colores rojo, negro y blanco, y el tipo Tony, que combina trajes elegantes con aplicaciones de figuras.

Al principio no me maquillaba las cejas, solo me delineaba los ojos. Luego decidí usar una nariz negra, que no es muy característico en los payasos, vestuario elaborado a mano y botas especiales que compré en Costa Rica. Todo esto cuesta mucho, pero para mí representa una inversión.

PDP: ¿Cuánto tiempo te lleva maquillarte?

JA: Al principio me tomaba hora y media prepararme, hoy lo hago en trece minutos. Siempre salgo listo de la casa. Lo que me toma tiempo es preparar el equipo que voy a llevar. Si tengo programado un evento en la tarde, me preparo desde en la mañana para no olvidar ningún detalle de lo que voy a utilizar.

PDP: ¿Cuáles proyectos tiene a futuro el payaso Simoon?

JA: Quiero llevar mi presentación a otros países, que me conozcan a nivel internacional siempre poniendo en alto el nombre de mi país (sobre una manga de la camiseta tiene bordada la bandera de El Salvador). Seguiré estudiando para ser mejor payaso, quiero aprender nuevas cosas que le sirvan a mi espectáculo.

 

 

 

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