Nuestros barrios y colonias esconden verdaderas joyas arquitectónicas.La legislación contempla que pueden ser declarados como Patrimonio Cultural los inmubeles privados con más de 50 años, pero hace falta que la comunidad organizada lo solicite.
Todas las mañanas, Carmen de Castro riega las plantas que adornan la jardinera de su casa ubicada en la esquina de la 37ª avenida Sur y la 6ª – 10ª calle Poniente de la colonia Flor Blanca, en San Salvador. Mientras las gotas de agua caen sobre las flores, Carmen admira la imponente vivienda en color verde menta que le heredaron sus padres.
Al hablar de su casa, se llena de orgullo al saber que data de 1945 y que fue construida por los primeros salvadoreños que se graduaron de arquitectura en Europa: Ernesto de Sola y Armando Sol. Ambos regresaron a El Salvador al finalizar la II Guerra Mundial provenientes de Estados Unidos y Bélgica.
Influenciados por sus colegas europeos, estos profesionales introdujeron en el país el estilo neoclásico en las viviendas; que se caracteriza por las estancias interiores decoradas, adornos de hormigón en la fachada, arcos romanos, ventanas y puertas a doble altura y molduras decorativas de hierro.
El arquitecto Gustavo Milán, coordinador de Proyectos y Obras de la Dirección Nacional de Patrimonio Cultural de la Secretaría de Cultura de la Presidencia (Secultura), explica que la mayoría de inmuebles se enmarcan dentro del fenómeno conocido como ‘ciudad-jardín’, donde previo a la casa, existe un espacio de jardín muy extenso.
Milán estima que en la zona aún quedan 125 viviendas, aproximadamente, que conservan este estilo y el diseño de sus creadores. Lastimosamente, a pesar del valor patrimonial que tienen, legalmente ninguna institución ayuda a los propietarios a conservarlas.
Existe una Ley Especial de Patrimonio Cultural, vigente desde 1993, que declara como Patrimonio Cultural a todo bien inmueble que tenga 30 años de haber sido construido y 50 años, para el caso de las estructuras privadas. La colonia Flor Blanca debió haber sido declarada como Patrimonio en 2005.
El proceso se inició apenas este año y los miembros de la Junta Directiva de la colonia podrían demorar todo el 2012 para completar los registros históricos y catastrales de todas las viviendas. Mientras eso ocurre, las viviendas del Barrio San Jacinto, al Sur de la capital, también sufren el paso del tiempo sin que alguna autoridad se decida a protegerlas.
Milán aseguró que esta zona es uno de los “núcleos fundacionales principales (casco urbano) de San Salvador y que se convirtió en uno de los primeros asentamientos urbanos”.
El escritor Gustavo Herodier, en su libro “San Salvador, el esplendor de una ciudad: 1880-1930”, estima que las primeras casas fueron fundadas en 1901. Pero Mario Canjura, residente por más de 30 años de la colonia El Manzano, lamentó que pocas personas conozcan sobre la historia y que tampoco exista una junta directiva que promueva la memoria histórica del barrio.
“He leído que el barrio ha tenido una destacada participación en hechos históricos, hasta próceres vivieron aquí (Domingo Antonio de Lara) sin embargo las nuevas generaciones no conocen estos hechos, aquí no existe una cultura por conocer los hechos del pasado”, dijo Canjura.
Y no se equivoca, San Jacinto fue creciendo en la medida en que el gobierno de turno vio la necesidad de expandir el territorio de la capital. De hecho ahí se encuentran inmuebles antiguos de las dependencias del estado: ex Casa Presidencial, Centro de Atención a Ancianos ‘Sara Zaldívar’, ex Guardia Nacional y el actual Centro de Readaptación para Mujeres, según documenta el texto “Pueblo-Barrio de San Jacinto” del sociólogo Francisco Ponce.
Esta investigación, reeditada por Secultura con motivo del Bicentenario del Grito de Independencia, explica que “en el barrio se llevaron a cabo reuniones entre independentistas para iniciar el proceso. Desde allí, San Jacinto ha tenido un papel fundamental en la vida urbana de la capital”.
Al observar imágenes de antaño
en el libro de Herodier, es evidente que el diseño del casco urbano del barrio se mantiene tal y como fue diseñado a inicios del siglo pasado. No obstante, hay pocas viviendas que conservan aquel estilo.
En este caso tampoco hay alguna declaratoria de Patrimonio, porque esta categoría se tramita a solicitud de los mismos residentes. Los “chinteños”, como son conocidos a sus pobladores, ni siquiera tienen una junta directiva que los represente y por tanto, muchas estructuras antiguas se están perdiendo.
Un último ejemplo de otra colonia con valor patrimonial que sobrevive a los estragos del tiempo es la colonia Las Delicias en Santa Tecla. Al caminar por la calle Principal, las casas conservan el diseño con el que fueron concebidas en 1950 por el Instituto de Vivienda Urbana (IVU), durante la administración del coronel Óscar Osorio.
En estos años, la demanda de vivienda social se acrecentó y llevó al ex Presidente del IVU, Mario Paredes, a ofrecer una solución habitacional en la antigua finca Las Delicias. Ahí se comenzó a construir la primera etapa de la colonia, el 23 de diciembre de 1951. Se construyeron 201 viviendas y se entregaron bajo el Régimen de Bien de Familias, que significar las casas a los jefes de familia.
Los esposos Mauricio y Leonor de Aguilar han vivido en la zona desde su fundación. Ellos recuerdan que durante los primeros años pagaron una mensualidad de 17 colones.
“Esta colonia es de las más antiguas que existen en Santa Tecla. Las 18 manzanas otorgadas por el Gobierno y la donación de Marta López y Rosalío Alvarenga de la finca concretaron la construcción de las viviendas”,
recordó el señor Aguilar.
La pareja recuerda a las personalidades que habitaron la colonia: Maximiliano Martínez, el primer violinista de la Orquesta Sinfónica del país, los profesores Estela Hernández de Valdez y Marcelo Estrada, profesores por muchas generaciones de tecleños y el Dr. Francisco Sequeira, destacado clavadista en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1935.
Secultura, a través de la Dirección de Patrimonio Cultural, sigue identificando las colonias con valor histórico para promover su conservación. Pero la declaratoria no puede realizarse sin que la comunidad organizada lo solicite, porque se trata de inmuebles privados.
“Hay todo un proceso para la conservación de barrios y colonias históricas en el área urbana, trabajar con la junta directiva de cada una de ellas nos permitirá declararlas como patrimonio cultural”, afirmó Milán.
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